jueves, 19 de abril de 2018

Los carlistas sublevados contra la IIª República y rebeldes al Estado posterior. ¿Perseguir hoy a los perseguidos ayer?

PRESENTACIÓN DE 
LA REBELDÍA CARLISTA...


Este libro titulado La rebeldía carlista. Memoria de una represión silenciada cuyo autor es Josep Miralles Climent, aclara muchas cosas, y permite vencer muchas ignorancias vencibles. 


En efecto, fue enorme la diversidad de los sublevados contra la IIª República por revolucionaria. Los carlistas, católicos y monárquicos, foralistas y legitimistas, pactaron con el general Mola y el Ejército en el que había no pocos republicanos y aún cierto masón como el general Cabanellas. 

Si advertimos el contenido de este libro -“Memoria de una represión silenciada”- a nadie se le debiera ocurrir el perseguir a los perseguidos, y esto  es lo que hacen los guerracivilistas y talibanes de hoy cuando atacan la limpia memoria de tantísimos navarros de 1936-1939, a casi toda la Navarra de entonces, al monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, a la laureada de Navarra, y a la misma Cruzada.

Esperemos que con este libro se den por aludidos quienes identifican el Carlismo con lo que  llaman franquismo, aunque sabemos que éste tuvo varios perfiles y fue mucho más que una dictadura. Tampoco se caiga en el gran engaño de igualar la dictadura de emergencia, aunque al final vitalicia, del general Franco tras una dramática guerra civil, con la de un Stalin, un Mussolini, un mariscal Tito etc. 
Esperemos también que con este libro se den por aludidos quienes identifican al Carlismo con los “fachas” -así dicen los torpes iletrados-, y el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada con los que llaman “innombrables” cuya memoria hay que arrancar de la tierra. Y todo ello porque quienes deben darse por aludidos, perdieron la guerra hace ochenta años, guerra que ahora quieren -no, no están al día, no- reavivar, ganar, y actualizar en plan guerracivilista y talibán.
No caeremos en su trampa de hablar del pasado al cuadrado -nosotros venimos de ayer pero pensamos en presente y futuro-, sino que denunciamos su falta de futuro que ofrecen a todos los demás. Se enfangan, molestan a todos y provocan nuevas heridas -crear heridas y además para herirlas-, alegando un pasado de hace ochenta años y además leído como y cuánto ellos quieren. 


La izquierda talibán en Navarra -buenos comunistas y separatistas, nacionalistas de ocasión a lo Stalin y por separatistas a lo Sabino Arana-, no tiene otro programa que azuzar el pasado y perseguirlo en el presente. Pues bien, decimos que esta izquierda talibán se volverá loca con este libro de Miralles Climent. 


Para hacer su revolución les interesa una Navarra arruinada, desquiciada, y vapuleada; y sobre todo dividida aunque sea artificialmente. Como saben que la unión hace la fuerza se citan unos a otros autores, mientras se reparten el pastel del dinero público, de nuestros dineros que son el fruto de nuestro trabajo. 


¿Tienen delito los revolucionarios por escudarse en la República? Sin duda que sí, y son ellos quienes acabaron con ella. ¿Lo tienen por sus golpismo en 1934 en Cataluña y Asturias? ¿Y por las trampas y pufos electorales en las elecciones de febrero de 1936? ¿Y por llevar a España hacia la Revolución comunista? Más todavía y sobre el angustioso tema de represiones y venganzas, ¿qué dicen de otros si tenemos presente lo que hicieron ellos? ¿No aplican a los demás los parámetros que tuvieron ellos en muchos lugares de España? Así pues, ¿de qué dan lecciones? Decimos esto sin dar por bueno no poco de lo que suelen afirmar de otros. 


¿Tiene delito lo que llaman "franquismo" por ganarles la guerra?


¿Tienen delito los carlistas que fueron perseguidos por oponerse al nuevo Régimen, al defender precisamente ellos una España tradicional, foral, monárquica y representativa?


¿Se atreven a identificar a los perseguidos con los perseguidores de entonces? ¿A identificar el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada con el Régimen que sucedió a ésta? Pues bien, creemos que en este libro de Miralles Climent sobre la represión que sufrieron muchos carlistas, amigos y herederos de aquellos cuyos nombres están en los muros del monumento, es evidente que tales ni saben ni quieren saber.


Mientras el Partido Comunista conspiraba con el maquis en contra de España y los españoles; mientras socialistas e izquierdistas vivían de gorra -y de lo robado- en México y otros países según aclara Abel Paz; mientras los del PNV hacían el agosto económico plegándose al Régimen, resulta que los carlistas, amigos y herederos de aquellos cuyo nombres llenan los muros del monumento,  se oponían a que se devaluase y olvidase el enorme esfuerzo por Dios y por España del 18 de julio, y exigían la restauración tradicional y monárquica a pesar de ser perseguidos -no diremos reprimidos-. 


Este libro es un argumento más para que a nadie se le debiera ocurrir perseguir hoy a los ayer perseguidos, ni perseguir los nombres de los 4.699 navarros muertos en el frente de combate, ni arremeter contra el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada.





José Fermín Garralda

jueves, 29 de marzo de 2018

"Coral Liguori" y Semana Santa en Pamplona



Pamplona, JUEVES SANTO de 2018. 
Día veintinueve de marzo. 

La iglesia estaba llena. Todos puntuales. Hoy la "Coral Liguori" fundada por el P. José María Goicoechea, ha ofrecido un concierto sacro en la Iglesia de San Ignacio (PP.Redentoristas) a las 12 horas. 

El director, don Jesús María Olite. El organista, Pedro María Ardáiz (Pamplona, 1932). El concierto ha durado una hora. 
Las piezas sacras han sido de polifonía renacentista, de Tomás Luis de Victoria -"Caligverunt oculi mei" y "O voz omnes"- y de F. Guerrero -"O Domine Jesu Christe".

Del P. Goiciechea se ha interpretado "Benigo Tu presencia" y "Salmo 117". El P. José María ha sido recordado con afecto en la breve presentación. 

A continuación el auditorio ha podido disfrutar del "Sabat Mater" (Z. Koldály) y del "Pater Noster" del romántico ruso Rimsky Korsakov, una pieza ésta última recogida e intimista. 



Le segunda parte del concierto sacro ha correspondido a la Missa Brevis en C (do mayor) de Leopoldo Mozart, para coro mixto y órgano. Aunque inicialmente fue considerada una obra de su hijo el joven Wolfgang Amadeus, von Köchel dedujo que fue escrita a comienzos del año 1770, esto es, en pleno clasicismo, siendo lógico considerarla de su padre Leopoldo. Éste último no llegó a terminar la obra, que fue finalizada por Paumgartner. 



Hagamos una mención al P. José María Goicoechea Aizcorbe, que nació en 1924 en Vera de Bidasoa (Navarra). En 1942 ingresó en la Congregación de los Misioneros Redentoristas. Desde mi niñez le he escuchado predicar en la iglesia de San Ignacio, dejándome llevar por sus palabras cada vez más de niño-adulto, en infancia espiritual. También fue confesor y publicó dos folletos de meditaciones o diálogos del alma ante Cristo, así como un libro de confidencias espirituales. Cuando su salud fue empeorando, dejaba de celebrar la Santa Misa de nueve de la noche y se ponía detrás, entre los fieles, con gran edificación para todos. A veces, en la comunión, entonada algún salmo sencillo y precioso. 




                             Pamplona, VIERNES SANTO 
En Pamplona, la Semana Santa es silenciosa y reservada. Es el carácter de estas gentes, que habitan una cuenca al pie de las montañas del pre Pirineo. Un poco adustos, guardan los sentimientos en su interior. Sin embargo, la Hermandad de la Pasión, que agrupaba numerosas cofradías iniciales, lleva tiempo esforzándose por expresar la piedad de las personas y familias en la misma calle. Lo hace con los Pasos de Semana Santa, que son preciosos y algunos de ellos tienen una factura excepcional. 



La procesión más importante es la del Santo Entierro, la del Viernes Santo, que es en silencio. Acompaña la banda de la Pamplonesa y, este año, otra más al comienzo del recorrido o primeros Pasos. La procesión ha mejorado mucho en su puesta de escena, pues la piedad popular siempre ha sido grande. 

Ya no está presente la Milicia como cuando éramos pequeños, que hacía de contrapunto de orden y también el contrapunto  romano para los pequeños. Llegó un momento en el que ésta procesión decayó debido a los aires desacralizadores de cierto postconcilio, pero también a la ausencia de muchos vecinos que se iban de vacaciones. La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz hizo lo suyo por detener la deriva de la piedad popular y dispuso la talla de La Piedad (Parroquia de Cristo Rey, obra de José López Furió), llevándola como Paso procesional en una o dos ocasiones (hacia 1962). Ahora, la procesión del silencio del Viernes Santo está tomando nuevos bríos debido al esmero de su Junta de Gobierno y todos los pamploneses. Este año había público de toda edad y condición, y muchos padres con sus niños quizás por la mejora del tiempo. 

Recientemente se ha creado un acto procesional por el Burgo de la Navarrería, seguido de oración, el Jueves Santo a las 8 de la tarde.

Los pasos de Semana Santa, custodiados por dicha Hermandad en la calle Dormitalería, se exponen al público tanto en la Sede de la Hermandad de la Pasión como depués en la procesión de la tarde, realizada con el debido acompañamiento de pueblo, mozorros, y romanos. Este año se han realizado numerosas mejoras y actuaciones sobre el patrimonio ya sea el vestuario ya los mismos Pasos procesionales. También se ha restaurado el Paso de La Última Cena y El Descendimiento. La iluminación va a ser cuidada. 

Este año no han reaparecido los caballos que viemos el año pasado como en la niñez. Los romanos se nos han hecho muy abundantes y marciales, por lo que a más de uno le hubiera gustado darles una paliza por matar a Jesús. Esta hermosa procesión, realizada por toda la Parte Vieja de la Ciudad, desfila por los antiguos burgos de Navarrería, San Cernin y San Nicolás. Mientras hablábamos de vuelta de la procesión, un señor nos ha constatado que la Junta de Gobierno se está esmerando mucho en mejorar nuestra procesión del "Santo Entierro". 



Una vez finalizada la procesión, se realiza el Sermón de la Soledad en la S.I. Catedral y, a continuación, el traslado de la Soledad hasta la parroquia de San Lorenzo, por las calle s Curia, Mercaderes, Bolserías y calle Mayor. 

Este año nos vamos a fijar con imágenes en el rostro de Jesús, el Hijo de Dios que nos remidió a todos los hombres. Al verlo, el aire se quedaba quieto en armonía, y se iniciaba la  petición de perdón. 






"Con los ojos de quien acepta y confía, aprenderemos a aceptar y confiar en que todo lo que acontece, incluso lo aparentemente más insoportable para el ser humano, tiene un objetivo y un valor preciosísimo en el camino de la Salvación. Unámonos pues a Nuestra Madre en el silencio, en la contemplación y en la oración y roguémosle que nos instruya con su ejemplo y nos otorgue la dicha infinita de enteneder el Misterio" ("Mozorro" nº 34, feb. 2018 p. 7). 

En 1987 se publicó un precioso libro con buenos textos e imágenes a todo color,  titulado: 1887-1987 Centenario Hermandad de la Pasión del Señor, Pamplona, CAN, 1987, 165 pp. En él colaboraron historiadores jóvenes, licenciados y doctores, además de Javier Baleztena, Jesús Arraiza, José del Guayo, y autores ya fallecidos, sobre la vida y hechos de la Hermandad. El trabajo más extenso es sobre "La vida religiosa del Ayuntamiento de Pamplona. Siglos XVIII y XIX" pp. 111-163, de José Fermín Garralda Arizcun, doctorado sobre la administración municipal de Pamplona del s. XVIII. El novedoso método de éste autor, que prolongó su estudio al siglo XIX para clasificar a los concejales décimonónicos entre liberales o no liberales, según los votos contrarios o favorables a las funciones religiosas del Ayuntamiento y de la misma ciudad, se ha visto corroborado por la clasificación política elaborada con otros criterios -partidos políticos, elecciones y prensa- de  otros autores como García Sanz entre otros. En buena parte dichos autores tienden a coincidir en la adscripción ideológica de los alcales y concejales. 

José Fermín Garralda Arizcun



Los fieles y público pamplonés son muy fieles a sus procesiones y actos comunitarios. El alcalde Sr. Asirón EH Bildu no estaba presente, a pesar incluso de que el Ayuntamiento es el patrono de la  imagen y Paso de la Dolorosa. Las Hermanas de la Soledad se crearon en 1927. 

Fuente: "Mozorro" nº 34, feb. 2018 p. 24; imágenes propias con derechos de autor del artículo, tomadas en la sede de la Hermandad o en la procesión del Viernes Santo. 



Domingo de Resurrección


La Procesión del Resucitado en Pamplona es reciente. Data de 2017, cuando la Junta de Gobierno decidió poner en práctica el viejo anhelo de celebrar como tal Hermandad la Resurrección de Nuestro Señor. Este año es la segunda Pascua que se realiza. El día ha sido estupendo. 

El Cabildo de la catedral donó el Paso del Resucitado a la Hermandad de la Pasión de Pamplona. El autor del Paso es anónimo. La escultura es del s. XVIII, y mide 4'2 metros de altura. 

Lo llevan 16 esforzados portadores (pesa alededor de 400 kg.), que están puntuales en la Residencia e la Hermandad para las diez de la mañana. El recorrido es buena parte del burgo de la Navarrería, burgo donde la Hermandad tiene su sede, reside el sr. Arzobispo que acompaña la procesión, y se encuentra la catedral donde se celebra la Santa Misa a las doce con repique de campanas. 



 José Fermín Garralda Arizcun
Semana Santa 2018

Fotos: derechos de autor

martes, 19 de diciembre de 2017

El dr. Valerio Martínez de Muniáin y su nuevo libro sobre la ciudad

AL LECTOR

Tu ciudad soñada

DE SUEÑOS sobre la realidad y sobrevolando ésta última con un necesario silencio interior, como dos ámbitos en paralelo surgidos desde la experiencia personal y el estudio riguroso de nuestras ciudades, ámbitos simultáneos y entreverados, trata el nuevo libro del doctor arquitecto don Juan Carlos Valerio Martínez de Muniáin, publicado por la editorial Librum, en dos tomos (v. I: 480 pp, y v. II: 483 a 975 pp.), muy bien editados y de original factura para contener cómodamente abundantes croquis de perfiles urbanos de lejanía y en plano. 

Su tema es la arquitectura, el urbanismo y la ciudad a lo largo de su historia hasta nuestros días. Casi mil páginas de texto y abundantes dibujos a mano alzada ofrecen lo que tienen el común nuestras ciudades con ejemplos manifiestos. 

La aventura intelectual del autor y el noble riesgo de la editorial, ha supuesto una fuerte apuesta. Sin embargo, el resultado será sin duda altamente satisfactorio para el público lector. La presentación del libro ha sido en la sala Ámbito Cultural-"El Corte Inglés" de Pamplona, llena de un público  interesado en la materia.  ¿Qué más próximo al hombre de hoy que la ciudad como tal?


Intervención del dr. en Historia del Arte don Ricardo Fernández Gracia
El director de la Cátedra de Patrimonio y Arte navarro, dr. Ricardo Fernández Gracia, profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de Navarra, ha valorado muy positivamente la obra presentada, que según él tiene la importante cualidad de dejar reflexionando al lector. Su balance intelectual y humanístico sobre este libro en dos volúmenes es muy satisfactorio, encomiando el profundo estudio académico que supone y su costosa elaboración por recoger un  trabajo meticuloso y bien hecho. El dr. Valerio sabe lo que quiere y busca,  mientras ofrece en su personal exposición una visión clarísima de lo que pretende. La obra es una magnífica muestra de la capacidad de análisis y síntesis sobre nuestras ciudades, del saber mirar y ver, de ir más allá del ver por lo mismo que el escuchar va más allá del oír. Ahí está la experiencia del autor, sus viajes frecuentes recorriendo múltiples ciudades españolas y europeas, su curiosidad permanente, su buscar cómo  edificarse a sí mismo para a continuación compartir los resultados con los demás. 

El agradecimiento razonado del presentador, dio paso a una bellísima exposición del autor sobre la justificación de su trabajo, la metodología utilizada, el proceso seguido y los resultados alcanzados. El doctor Valerio concibe la ciudad como una de las mayores creaciones del ser humano a lo largo de la historia. Su experiencia directa por motivos laborales le ha hecho abordar las vías de acceso y ambientes de multitud de ciudades durante largos años y a diferentes horas del día y la noche, recoger y ahondar sus perfiles permanentes o cambiantes a partir de  perspectivas diversas, acercarse y descubrir el ámbito urbano con ecos de literatura y sentimientos de poesía, conduciéndole todo ello a someterse voluntariamente a la visión de una realidad fascinante para la vida. La historia condensada en un espacio múltiple, llena de ecos diversos al mirar, contemplando el transcurrir de la vida urbana, expresa la sucesión de culturas dentro de la civilización una y plural con raíz cristiana de Europa. 

El texto resulta profundo y ligero a la vez, y va acompañado de abundantes croquis, realizados con una memoria descriptiva, ora descriptivos conforme a la realidad, o bien de otra naturaleza. 



Para el autor, este libro en dos volúmenes contiene a modo de dos libros "interiores". El primero, es el libro que abre el secreto, lo señalado. El segundo sería un Tratado sobre la ciudad. El guión, lo subterráneo. 
Portada del libro en dos volúmenes. 

El libro se conforma en seis partes
La primera, conduce al lector desde el exterior urbano hasta la muralla o primera ronda. ¿Qué configura esta porción de ciudad con la que el viajero se topa? El viajero advierte la línea del ferrocarril, los estadios, las ferias de muestras, los conventos de cartujos y jesuitas y de otros tantos religiosos, los mercados y ensanches... La segunda parte abarca desde la primera y segunda ronda hasta la primera y segunda plaza, con los nombres de plazoletas, plazas y calles, y la ambición de los primeros rascacielos.  Llega la época de la eclosión de las clases medias como motor de adelantos y nuevo ambiente, con sus ensanches y mercados, las tabacaleras, aduanas y cuarteles, los seminarios, los servicios de Correos, la ciudad beaux arts, la ciudad decó... El segundo tomo, equilibrado en extensión respecto al primero, incluye la ciudad moderna como cuarta parte, la quinta versa sobre la contemporánea que alberga centros culturales y comerciales, grandes dotaciones, la tercera generación de las ciudades jardín. Por último, el turista y viajero llega al Casco Antiguo, emplazamiento de la ciudad medieval, renacentista, barroca y posterior, donde se superponen e intercalan edificios y lugares de esparcimiento. Conclusiones (p. 9679 y bibliografía actualizada (p. 969 y ss.) ponen fina a este precioso libro, escrito con galanura, precisión, objetividad y elementos subjetivos como ciudad vivida, espacio de amores, y paisaje donde tendríamos que ser felices desde la felicidad interior. 

La carga intimista de la descripción muestran la ciudad vivida, la ciudad soñada. 

Agradecemos al autor el tratamiento de este importante tema que forma parte de los curriculum universitarios y de Bachillerato, que dinamiza y sitúa en su debido lugar la gran importancia de la Geografía. 

José Fermín Garralda
Pamplona, 19-XII-2017


miércoles, 8 de noviembre de 2017

La memoria de Navarra: el ayer y hoy de los historiadores y los temas


Reflexiones sobre el quehacer del historiador.
El pasado de Navarra como arma política.

CUANDO éramos universitarios nos ilusionaba la gran capacidad intelectual y el empuje de muchos jóvenes historiadores, considerados con fundamento como una gran promesa. Eran académicamente muy brillantes. No pudimos imaginar que con el tiempo iban a retirarse poco a poco de la investigación histórica. Una cosa es escribir una comunicación basada en fuentes primarias para un Congreso cada cuatro años, y otra muy distinta tener todos los días entre las manos los  mimbres de las fuentes del conocimiento histórico, profesión ésta silenciosa que complementa la docencia o a la inversa según la naturaleza de cada Centro educativo.
Motivos profesionales, desilusiones y desmotivación personal han debido de ser la causa de dicho abandono. Es una gran pena que dichos talentos quedasen malogrados. La sociedad se lo pierde irremisiblemente. Por nuestra parte, es muy triste en la vida ver morir ilusiones arraigadas y capacidades sobresalientes. También es cierto -y ello subraya lo anterior- que otros de sus condiscípulos, menos brillantes que aquellos en su paso por la universidad, han perseverado en la investigación aunque no hayan recogido frutos diferentes al deber cumplido, y al afán por multiplicar los talentos recibidos de Dios. Ello no significa que hayan tenido apoyo alguno, ayuda o reconocimiento universitario y extrauniversitario, económico y laboral. Esta es la sociedad materialista que hemos hecho: aprovechar a los demás y no colaborar con nada.
Ha pasado el tiempo -contamos el paso de cuatro décadas desde entonces-, y ahora la escasez de vocaciones de historiador corre parejas a qué se hizo con las hermosas hornadas de estudiantes de historia y posgraduados de las décadas de los setenta y algo posteriores. Dirán que por entonces no había trabajo salvo que se entrase por enchufe en el régimen de endogamia universitaria, dirán que sobraban aspirantes, dirán que no había dinero… Ya me dirán en qué se gastaban entonces los recursos y por qué hoy día faltan historiadores para cubrir las necesidades de conocimiento de la sociedad. Efectivamente, hoy los estudios de historia y la investigación histórica están de capa caída, según la experiencia de muchos profesores universitarios y según también muchos otros que lo contemplan con cierto estupor.
Lo contradictorio es que el vacío creado en la disciplina histórica por  el abandono de ayer de muchas jóvenes vocaciones, esté siendo ocupado por otras profesiones que si bien ofrecen una menor formación académica en los temas que tratan, sin embargo gozan de capacidad comunicativa, buena relación con los editores, sus textos son ligeros, y desde luego tienen una pluma suelta. Pero nada de eso es exclusivo suyo. Por lo visto hoy triunfa quien comunica con facilidad, entretiene y satisface la innata curiosidad sobre el pasado aún sin la  pretensión de demostrar la verdad de las cosas.
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¿Historiador o escritor de historia? ¿Ciencia o divulgación respectivamente? Ambos oficios son diferentes y necesarios, no son excluyentes sino complementarios. A ambos se debe agradecer su dedicación,  cada uno en su esfera diferente. Cada cuál tiene su ámbito, su función social, siendo hoy día la dedicación más jugosa la de escritor o divulgador de historia.
El historiador -la historia como ciencia- puede ser un buen escritor aunque en su oficio sólo necesite escribir correctamente: lo suyo es llegar a la verdad demostrándola. De todas maneras sus libros no son fácilmente vendibles debido a la aridez de ciertos temas o capítulos, al aparato crítico y a la precisión que exigen. Como continuidad de su oficio científico podría prolongar sus descubrimientos mediante la divulgación.
Por otra parte, no hay escritor o divulgador de historia que no se fundamente en los estudios sesudos de los historiadores científicos, aunque la pena es que hoy estos últimos escasean por la ya citada dispersión de jóvenes vocaciones. Un escritor de historia que no sea historiador de fuentes primarias se llamará divulgador, pues carecerá del método riguroso histórico, de una distancia vital respecto a los hechos, y de una independencia respecto a la misma sociedad e incluso al editor.
La pena es que esto no siempre se respeta. Ayer hubo conocidos sociólogos y profesores de derecho político al servicio de unos sectores politizados, que se convirtieron en historiadores -aunque ideologizados- gracias a la politización y endogamia universitaria. Simultánea y paradójicamente se desperdiciaba un considerable número de vocaciones de jóvenes historiadores no ideologizados, alumnos suyos o no. Ahora se paga este error debido al actual vacío de historiadores, y a que sólo tiene eco social la falta de rigor y el  entretenimiento.
En esta situación, la actual necesidad de satisfacer el conocimiento del pasado la pueden cubrir no pocos periodistas que trabajen con calidad, seriedad y éxito. Se expresan en reportajes de prensa, y en libros de divulgación, aceptables si aportan las fuentes secundarias que utilizan, y si aclaran al público que la historia se hace con fuentes primarias y el método propio de investigación. Lo que ayer satisfizo la editorial  Juventud, con biografías de gran calidad, firmas de ámbito internacional, y legibles por todo el público interesado, hoy lo hacen periodistas que conocen el ámbito de la comunicación y la edición.
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Dicho lo anterior, hoy el conocimiento científico en el ámbito de la Historia se ha devaluado en nuestra sociedad, al ser desplazado por el escritor o divulgador de historia. Si éste último realiza su cometido con éxito, no debe ir en menoscabo de aquel, pues divulgador no puede sustituir aunque sí completar al titulado universitario apto para investigar.
Ambas profesiones no tienen la misma autoridad sobre lo mismo. La pena es que no todos lo entienden así. Por ejemplo hay centros educativos en los que basta tener una carrera de “Letras” para impartir docencia en ciencia histórica, que rebajan hasta rozar una excesiva divulgación y formación generalista. Eso sí, no se lo digas que se enfadan. Han trastocado los objetivos académicos, y han convertido el conocimiento histórico en un saber instrumental, que queda subordinado prácticamente al “disfrute” de los educandos. Bastaría en las aulas un barniz de “conocimiento” y mucho de “experiencia” entretenida y feliz, como si de un viaje al pasado se tratase.
Si esto ocurre con la ciencia histórica, imagine Vd. en qué quedan los estudios de la Geografía, por otra parte tan necesarios en nuestra sociedad y muchas profesiones. Se trata, según algunos, de no quitar tiempo y esfuerzo a los saberes prácticos, y de añadir a estos la Historia -una vez desterrada la Geografía- como mera curiosidad y  complemento. A esto se denomina apostar por las humanidades.
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Lo que más nos preocupa es cuando los estudios históricos -como ciencia o bien como divulgación- pretenden influir en el pensamiento y las valoraciones del hombre actual, sirviendo a ideas preconcebidas conforme a los planteamientos de determinadas escuelas historiográficas -ideologizadas- del pasado o del presente.
¿Es el conocimiento de la historia como ciencia un instrumento o herramienta ideológica? ¿Puede serlo la divulgación de sus resultados? La respuesta brota sola: la ciencia histórica y el historiador no deben ser utilizados ideológica ni políticamente, porque sólo se deben a la verdad que deben encontrar mediante fuentes primarias. Respecto al divulgador o periodista, allá lo que quiera hacer con sus escritos, pero sus contenidos que se refieran al pasado debieran subordinarse a la verdad demostrada por el historiador.
Hoy, con el pretexto “desmitificador”, algunos quieren crear una realidad  nueva en Navarra, en ese milenario Reyno pirenaico, y para ello utilizan el pasado como arma o herramienta. Sus ambiciones nacionalistas son de todos conocidas. Su método es racionalista, dialéctico y comprometido con el presente. Desde luego, ni todo lo que plantean como “mitos” navarros tienen que serlo, ni deben soslayar las realidades culturales que conlleva el “mito” como si éstas nada significaran. Lo que se consideran “mitos” pudieran  mantenerse como acervo cultural cotidiano siempre que se identifiquen como tales, sobre todo si se encuentran entreverando la realidad versus antigüedad considerada con valor propio.
Lógicamente los historiadores profesionales dedicados a demostrar científicamente los hechos del pasado, deben realizar sus estudios con una total independencia de los temas que se ponen de moda en la sociedad. Otra cuestión es que a veces los profesionales y los divulgadores  coincidan en los temas por confluir el  interés académico y social.
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El desarrollo de la historiografía sobre Historia de Navarra posterior a la década de los setenta, permite diferenciar varios momentos y la preferencia de los historiadores por unos u otros temas.
En 1986 aparecieron en Navarra dos prometedoras asociaciones de historiadores que realizaron sus propios Congresos. Su primer Congreso coincidió en el lugar y casi en el tiempo, apreciándose en el ambiente una sutil rivalidad. Por un lado, el Instituto Gerónimo Ustáriz convocó el Congreso de Navarra de los siglos XVIII, XIX y XX, y, por otro, la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra (SEHN) reunió su  Congreso General que  abarcaba toda la historia de Navarra.
Estas dos tendencias, nutridas de historiadores experimentados pero también muchos jóvenes, ofrecían algunas diferencias. La primera tendencia, que abarcaba de los s. XVIII a XX, era más ideológica, tenía un fuerte compromiso práctico, y quedó vinculada a influencias de corte dialéctico social y en parte también a la ideología nacionalista. La segunda, que abarcaba toda la Historia de Navarra, fue académica e independiente de los problemas sociales del momento o de aquellos que se pretendían crear en la Navarra posterior a la transición política. Quienes quisimos participar en ambos Congresos pudimos hacerlo con toda libertad y entusiasmo. No cabe duda que en ambos ámbitos se dieron cita historiadores de valía junto a  otros muchos que andábamos con ilusión nuestros primeros pasos.
El primer Instituto celebró dos Congresos, tuvo su propio boletín de  numerosas páginas, de calidad y con importantes articulistas, pero desapareció pronto para dar paso a una segunda etapa, en la que varios de sus miembros ocuparon cátedras en la universidad pública de nueva creación. Al parecer, el citado Instituto albergaba varias tendencias al final separadas, a pesar que compartir algunos presupuestos bajo el comprometido manto de una historia dialéctica, crítica y social. Una de ellas ha seguido una derrota más activista debido a su claro compromiso nacionalista.
Por su parte, la SEHN mantiene su funcionamiento, una actividad notable y con éxito, y luce ocho Congresos en su haber más el noveno en curso. Los participantes en sus Congresos generales suelen repetir la experiencia, mantienen en el tiempo sus aportaciones, amplían las líneas de estudio, siempre hay nuevos integrantes, y siguen una línea académica e independiente.
El propósito “revisionista” del Instituto sobre el conocimiento de la Historia de Navarra fue eminentemente práctico, ideológico y político, sobre todo en su versión nacionalista. Reservamos el término “revisionismo” a la revisión sistemática y global, por ello con unas claras connotaciones ideológicas. No incluimos en el término  “revisionismo” al investigador que examina e nuevo las afirmaciones de otros autores o  sus propios trabajos sobre el tema que estudia, ni a quien carece de intereses y planteamientos diferentes a la mera investigación y conocimiento del pasado en lo que puede conocerse conforme a las fuentes,  ni por último a quien no elige necesariamente temas polémicos que puedan provocar -o para provocar- reacciones contrarias. En realidad, los nacidos en las décadas de los cincuenta y sesenta del pasado siglo han realizado interesantes investigaciones históricas en todos los ámbitos y temas. Cuando la mayoría realizaba sus aportaciones, se planteaban el estado de la cuestión, la bibliografía anterior,  las tesis y los puntos de vista mantenidos -si los había-. Fue el otro sector quien ejerció un “revisionismo” de talante ideológico.
Desgraciadamente, aquellas hornadas de jóvenes investigadores a las que nos hemos referido, que hoy se acercan a una edad de jubilación profesional, no han sido seguidas por otras, de modo que hoy es el sector llamado “revisionista” -en realidad va a desembocar en “iconoclasta”- con incidencia ideológica -marxista o nacionalista- el que parece domina, ocupando  la comunicación social, el ámbito literario, el periodístico y la propaganda propia de su estilo.
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Preguntemos qué temas han estudiado aquellos que, siguiendo ciertos apriorismos, entendieron sus estudios como una herramienta en la dialéctica de  deconstrucción versus construcción  del presente.
En primer lugar y desde la perspectiva utilitaria e ideológica de la historia de Navarra, se analizó si el Fuero era un mito para en ese caso pasar a su “desmitificación”, lo que daría argumentos a los políticos para su correspondiente actuación. Sin embargo, en la práctica fueron los políticos liberales de UCD y sus inmediatos sucesores quienes arruinaron el Fuero público y privado mediante la publicación de diferentes leyes y una concreta acción  política. Recuerdo que Álvaro D’Ors y Javier Nagore afirmaban que el derecho público constitucional de 1978 vulneró el Fuero público de Navarra, para luego, desde aquel, eliminar el Fuero o derecho privado. En efecto, el derecho privado en Navarra -como en Cataluña a decir de Juan Vallet de Goytisolo- siempre fue anterior al derecho público.
En el discurso final de clausura del Ier Congreso de Historia de Gerónimo Ustáriz de 1985, el profesor Tomás y Valiente -años después será asesinado por ETA- afirmó que el Fuero era un mito, y que los mitos eran peligrosos para la sociedad. Inmediatamente fue respondido por varios juristas en “Diario de Navarra”, y por un joven historiador en la revista “Aportes. Revista de historia del siglo XIX” (nº 1, marzo 1986, p. 52-53). Es pertinente recordar que ésta última revista se mantiene con éxito hasta la actualidad, aunque en su día tuviese algunos contradictores que veían cómo algunos de sus contenidos historiográficos corregían sus puntos de vista, lo que hoy día parece  repetirse de nuevo. Estas correcciones hay que analizarlas caso por caso hasta la actualidad. La endogamia universitaria en España y el control de las publicaciones por ciertas tendencias de pensamiento no logró asimilar la existencia de una historiografía diferente e independiente de la historia dialéctica y comprometida ya económica ya social. 
Pero sigamos con los temas. La instrumentalización del ámbito de la historia crítica -social y económica- en Navarra, actuó sobre grandes temas como el Foral, poniendo quizás en entredicho el ser navarro entendido como un producto conservador -así, cosificado-. No en vano se tendió a identificar el Fuero con el conservadurismo, convertido -según decían- el primero en mito por los diferentes intereses de clase.
La “desmitificación” también recayó sobre otros aspectos de la historia de Navarra como el Carlismo, los “heterodoxos” navarros, la identificación de Navarra con la tradición, la Ley Paccionada, el conservadurismo político del s. XIX y XX, la “Gamazada”, los eúskaros, los republicanos. 
Hablemos un poco del tema del Carlismo. Para alguno como Zubiaur Alegre, era bueno que el Carlismo se sustanciase en el museo carlista de Estella, lo que quizás suponga cierto desencanto personal previo de quien contempló un Carlismo fuerte y popular, con un príncipe a la cabeza. Algunos han querido mostrar al Carlismo como una protesta social del campesinado en crisis, sin presencia en las ciudades y las elites sociales, y desde luego ajeno a los Fueros. También se ha querido reducir la presencia carlista en Navarra, como ocurre en el reciente libro Militares y carlistas navarros (1833-1849) (2017) valorado por Alfonso Bullón de Mendoza en la revista “Aportes” nº 94 (2017). Otros han querido ver el Carlismo como un romanticismo (Gonzalo Redondo, Caspistegui), o bien que tanto él como el Liberalismo estaban afectados de dicho romanticismo (Luis Suárez). Que la soberanía nacional, la rebeldía o la libertad absoluta y abstracta sea romanticismo no es extraño, pero puede demostrarse que el Carlismo tiene un fuerte anclaje en la verdad de las cosas y que se enmarca en un tempo largo. El Carlismo va más allá de las fechas 1833 a 1876, y expresa la historia de España, cuyo tempo traspasa los movimientos culturales romántico, realista, modernista y los sucesivos ismos hasta el pragmatismo actual en choque con la ruptura nacionalista. En efecto, el Carlismo tiene mucho de clasicismo y de civilización que respeta lo que las cosas son, junto a las peculiaridades del momento histórico, y fundamentalmente está ayuno de historicismo a pesar de las adherencias verbales y quizás algunas conceptuales propias de cada época. Desde luego, que de hecho y al fin el liberalismo, el  socialismo y los nacionalismos periféricos se muestren triunfantes, no tiene por qué ser definitivo de cara el futuro. Afirmar esto reconoce la existencia de cambios previos, de modo que si la historia es lineal en el tiempo no por eso tiene que ser contradictoria y menos ajena a lo anterior y lo posterior. Lo definitivo es que lo experimentado como hechos liberadores hasta hoy ha  sido un rotundo fracaso.
Hay trabajos de lo que algunos como Del Río y Pan Montojo llaman historia conservadora, que han dado finalmente al Carlismo por desaparecido siguiendo la lógica de los hechos empíricos y quizás un pensamiento muy personal de origen filosófico como el de cierto historiador ya fallecido. Pues bien,  si el desarrollo de unos presupuestos hizo desaparecer al Carlismo de masas, ello no significa lógicamente que tales presupuestos y los resultados debieran juzgarse como saludables., salvo que se caiga en el  “progresismo” o “evolucionismo” como mito.
La afirmación de algunos historiadores “conservadores” de que “todos buscamos que el pasado dé solidez a nuestra apuesta política” (“Diario de Navarra”, 3-V-2012 p. 71), se puede comprender por el afán de promover el estudio de la Historia en la propia universidad, pues nosotros nos resistimos a entender que sea así, pues haría imposible la objetividad histórica.
Pero sigamos con los temas. De la visión de una Navarra eminentemente tradicional, visión sin duda a veces exagerada, algunos han estudiado principalmente a los “heterodoxos”, al socialismo y más tarde al republicanismo. Los trabajos realizados con seriedad sobre esto se deberán engarzar por igual con un estudio similar, pero hoy desgraciadamente inexistente, en relación con la tradición navarra -el tradicionalismo- como herencia renovadora, con la catolicidad y con las distorsiones realizadas por del conservadurismo.
Ahora, algunos de los que impulsaron el Instituto y Congresos arriba mencionados, están realizando otras aportaciones, potencian los estudios de la Navarra del siglo XIX y XX, y desarrollan saludablemente encargos de alguna editorial privada entre otros proyectos.
El camino andado por la “desmitificación” ideológica -creando a su vez nuevos mitos- ha sido largo. Los desenfoques y errores sobre la historia de Navarra por parte de nuevas personas en lid, de menos relieve intelectual que las anteriores, pero más politizadas y activistas, practican talleres de excavación, levantan parques de una memoria selectiva, ofrecen charlas de corta asistencia, poseen una prensa de combate, mantienen una agitada propaganda callejera vinculada al ocio y la cultura popular, realizan concentraciones de calle, y hasta presentan propuestas del Gobierno de Navarra.
Recientemente se han preferido temas como la conquista e incorporación de Navarra a Castilla tras la emblemática fecha de 1512, aprovechando diversos momentos conmemorativos.
También se ha abordado el tema de los represaliados de 1936 que desgraciadamente se encuentra muy politizado, planteándose a lo talibán la destrucción -ya directa y expresa o bien con trampas de naturaleza administrativa- del monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada… (mal llamado Los Caídos). Seguramente este último es el gran tema que sigue pendiente en sus diferentes fases.
A esta temática le acompañan otros problemas menores aunque más efectistas ante la opinión pública, como es “desmitificar” el escudo para así  cambiarlo, eliminando de esta manera los signos de identidad del viejo Reino. Propondrán sustituir las cadenas del escudo por el carbunclo inicial, por lo mismo que elevaron el sello personal del rey Sancho VII -el águila real y sólo él- a rango de bandera grupal y hasta étnica. Súmese a ello el intento de cambiar la letra del zortzico “El Roncalés” cuyo verso canta “del jardín español de flores sin igual…”. En orden a la lengua, existe una extensión administrativa -artificial o artificiosa- realizada con sectarismo según sus contrarios,  de la zona mixta en el uso de vascuence (euskera), el cambio o creación de toponimia y nombres que nunca existieron aquí, la toponimia impuesta durante años en el callejero de Pamplona y otras poblaciones, la alucinante propuesta en julio de 2017 de modificar el nombre de Chantrea por la grafía Txantrea… En realidad el topónimo la Chantrea es un término franco-castellano y originariamente significa el cargo Chantre de la catedral de Pamplona.
Algunos hoy quisieran suprimir del escudo de Navarra la corona real rematada con una cruz, por lo mismo que años antes, allá el 4-VII-1980, le quitaron -por un voto dicen que "democrático"- la laureada ganada al valor heroico del viejo Reyno y concedida por el jefe de Estado el 8-XI-1937. Cuarenta y tres años, y la heroicidad de la generalidad de Navarra en 1936 tenía que desaparecer. Estas iniciativas van unidas al intento de relegar la bandera de Navarra como Comunidad diferenciada, poniendo la bandera de la CAV entre las banderas de Navarra y -por ahora- de España por imperativo legal.
Nos informan de lo siguiente:

“Hace unos días el Gobierno de Navarra anunció la concesión de la Medalla de Oro de Navarra a Arturo Campión, Hermilio de Olóriz y Julio Altadill por su aportación a la historia, la cultura y la identidad de la Comunidad Foral, además de ser los artífices en 1910 del diseño de la actual bandera de Navarra” (“Navarra Confidencial” 7-XI-2017).

Y continúa esta prensa digital con un párrafo crítico común a otros muchos comentaristas del momento:

“La cosa ya empezó con mal pie porque de algún modo se dejaba caer la idea de que la bandera de Navarra era una cosa que se habían inventado de buenas a primeras estos tres señores en 1910 (…)”.

A pesar del conflicto estallado entre todos los partidos, amigos o no del cuatripartito, el Gobierno ha concedido la medalla a los descendientes de dichos hombres de cultura. Dirán que todo ha sido muy representativo.
Hemos mencionado algunos temas que se manipulan utilizando a veces algunas verdades, lo que es el peor método por ser el más engañoso. Cualquier caballo de Troya es un instrumento ideológico y político que puede  convertirse en una praxis, y ello que facilita que cualquier llamado núcleo duro pueda ir “más allá”, plus ultra.
La tergiversación puede actuar desde presupuestos racionalistas (marxistas) o bien románticos (nacionalistas). En tal caso, la acción suele seguir unos planteamientos tan “aplastantes” y a veces tan enérgicos y descalificadores hacia los discrepantes, que sin duda encierra un propósito político-ideológico.
Cualquier historiador sabe como los datos son muy importantes y hasta decisivos, aportar un amplio aparato crítico da una apariencia de seriedad. Sin embargo, esto último por sí mismo no garantiza la verdad de las conclusiones. También resulta importante cómo se redacta la historia, los enfoques utilizados y las expresiones, que debieran ser puramente representativas. Aunque el quién escribe es lo de menos, resulta que en este tipo de “historia” la investigación depende más del investigador que de los datos. 
En excesivo interés mostrado actualmente hacia la historia por parte de cierta prensa y las redes sociales, no es paralelo a la exposición desinteresada de la verdad histórica. Mientras unos pseudo historiadores no van de verdades, otros guardan silencio, encastillados en su torre de marfil y lejos de las contingencias de los hombres y las sociedades. No quieren líos. En parte, este silencio se comprende, porque para algunos la verdad no interesa, precisamente para la administración pública dominada por la ideología, cuyo poder podría perjudicar a quienes contrarían académicamente sus posiciones. Por lo mismo, personas libres no hay muchas.

José Fermín Garralda Arizcun

Dr. en Historia